Belkys, para disfrutarCuando conozcas a alguien, recuerda que se trata de un encuentro sagrado. Cuando ves a esa persona, te ves a ti. Cuando la tratas, tratas contigo. No lo olvides nunca: en ella, te ganas o te pierdes a ti.
En la Ley Suprema del Universo, el AMOR contenido en la cooperación y el servicio a nuestro próximo, prójimo, todo carbón está destinado a ser diamante un día; por tanto, estamos destinados a ascender desde un nivel bárbaro de conciencia, hacia un nivel iluminado de ella; estado vivo de lo que significa la justicia divina.
La justicia divina, encuentra en la práctica del BIEN por mal, el prodigio sabio: discierne la ignorancia espiritual de quien encubre su solo estado de ira, vanidad o vendetta, con el empaque de justicia.
Saber que la expresión más elevada de la justicia, es el AMOR, nos permite comulgar con que "Justo no es aquel que nunca comete una injusticia, sino que pudiendo cometerla no lo hace".
La justicia divina practica la compasión espiritual - nivel superior a la lastima o pena emocional -; cuya esencia y convicción es Ser cambio emergente de vivir las grandes verdades, ya no de tan solo leerlas o escribirlas. Si alguien, desde su inconsciencia nos ajusticia, el Ser nos inspira elegir convivir de tal modo que nadie crea las "maldades" dichas; y a quien las cree, lo bendice por su elección, puesto que el Ser "lucha para cambiar el actual estado de las cosas, no para castigar a nadie", Gandhi.
La bondad, talento superior a la inteligencia, es justicia que discierne lo legado por Confucio: "Yo no soy mejor que los demás hombres presidiendo juicios y administrando justicia; sin embargo. ¿ No será más eficaz lograr que fueran innecesarios los juicios?. ¿No resultaría más provechoso dirigir nuestros esfuerzos a la eliminación de las inclinaciones perversas de los hombres?. De este modo quedarían ahogadas en su raíz las malas acciones de quienes se desvían del buen camino. Esto es lo que yo entiendo por conocimiento de las causas o de la raíz". O como Madre Teresa de Calcuta decía, vayamos a las causas, hay demasiados atendiendo los efectos.
El sistema judicial divino, con su legislación universal de principios y valores espirituales, libres del bloqueo "en contra o a favor", procrea sin bando alguno, unidad y ascensión cuando responde "al bien con bondad y al mal con justicia", escenario en el que cada individuo iluminado e interdependiente, usa su sabiduría interior venida del amor - no de leer, instruirse ni informarse-, para no reeditar desde su pensamiento, sentimiento y acción, lo que califica de injusto.
La justicia divina trasciende la dimensión del ego humano buscador de mártires y martirios, víctimas y victimarios, nivel de conciencia que etiqueta de bueno o malo todo lo que encuentra. Ignorancia que fractura la Unidad luminosa y plena de experiencia y vivencias en pro de un mayor crecimiento. Inconciencia que fabrica bandos de vencedores y vencidos, mediante una historia escrita por quienes, gobernados y envilecidos por los excesos inherentes a su "victoria", hallan gozo en dañar, someter, conquistar, colonizar, herir y mutilar a quien definen como el otro, por ende su historia.
La justicia divina ama a los enemigos que pretenden dañar, cuando aplica su máxima de "hacer el bien a aquellos que te persiguen y te odian..."; raíz de los hijos de la Misericordia multiuniversal que nos habita, tatuaje sapiente de que no es el ojo el que ve, sino quien está detrás de él; magia que discierne que el universo es aquello que se lleva despierto en nuestro interior, no lo que está fuera de ahí. "Conozco los rostros porque miro a través de la tela que mis propios ojos tejen. Y busco la realidad que hay debajo de la inmensidad del océano mayor".
La justicia divina ejercida por el Maestro del Amor, nos dice: "Quien esté libre de culpa, que lance la primera piedra... No mires la paja en el ojo ajeno, mira la viga en el propio...". Ello TRASCIENDE la dualidad de una ética de la norma que separa, hacia la ética, responsabilidad y amor que reúne, Yo interior de cada Ser, manifestado en la dignidad, reevolución, justicia y honor mayor: librar en el interior de cada criatura, todas las batallas en pro de su indivisible resurrección, verdad que deja de ver en nuestro hermano, la causa de las injusticias. Saber la verdad tiene el costo de la responsabilidad, como decía Shakespeare, de saber que "nada es bueno ni malo, sino que es el pensamiento el que lo vuelve tal".
Nuestra consciencia Crística universal, masa crística o mesías crístico, discierne que quien aún elige reglamentar, reprimir, castigar, prohibir, sus propias represiones y sombras manifiesta.
En la Era de la Iluminación, aquella que sin metodologías encercadas, vive el mandamiento supremo de AMAR aquí y ahora, enzima nata de la Justicia Divina traducida en nuestra cotidianidad sagrada, la que consciente de la oscuridad, accede a la Edad de Oro Espiritual, dimensión de Unidad ascendente por enmendar una justicia humana que aprisiona, con una justicia divina que LIBERA:
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