

Hay una vieja fábula que cuenta que seis ciegos encuentran un elefante y cada ciego toca una parte diferente de la gran criatura. El primero choca contra el costado del elefante y concluye que es una pared.
El segundo toca uno de los colmillos y piensa que el elefante es una lanza. El tercero piensa que es una serpiente después de tocar la trompa. El cuarto ciego toca la pata y considera que el elefante es un árbol. El quinto toca la oreja y declara que es un ventilador. Por último, el sexto agarra la cola y dice que el elefante debe ser una cuerda.
Esta vieja fábula, original de la India, es conocida de muchas culturas de nuestro mundo. Se cuenta esta historia a los niños para que aprendan que las cosas no son necesariamente lo que parecen ser. Las percepciones, incluso aquéllas que son innegablemente reales, no siempre ponen de manifiesto la verdad. La historia de los ciegos y el elefante da a los niños un sencillo paradigma para ayudarlos a prepararse para la jornada infinitamente compleja de la vida.
Como los ciegos, sufrimos de una capacidad de percepción limitada, pero nuestra incapacidad no es visual, sino temporal, porque existimos en el tiempo. Por tanto, para que nuestros juicios sean válidos y útiles, debemos "ver" las realidades del futuro más allá de las percepciones actuales, y debemos hacerlo en un mundo que cambia de manera constante e inexorable.
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